¿Qué hace un edil?
URIEL ÁNGEL PÉREZ MÁRQUEZ. SOCIO FUNDADOR. DOCENTE UNIVERSITARIO. TWITTER @CATAROATENTO
Luego de haber descrito, en sendas columnas, algunas de las particularidades que caracterizan el quehacer del alcalde y de los concejales, resulta oportuno acercarnos a la figura de esta importante autoridad administrativa local. Como punto inicial tenemos su definición a partir de una de las mejores acepciones que tiene la palabra “edil”, la romana, que alude a la representación o encargo de las obras públicas.
Se trata de un organismo o cuerpo administrativo de elección popular que está material y absolutamente inmerso en la cotidianidad de las comunidades, en las bases mismas de las necesidades, en la calle, en el barro, en aquellos lugares donde se hace realidad la “falta o ausencia del estado”. Creo que aquí radica su verdadera, aunque a muchas veces subestimada, valía y fortaleza.
Otra importante función del futuro alcalde es la gestión administrativa, presupuestal y financiera del distrito. Esto quiere decir que si un candidato vende la idea de “ahorrar dinero”, dejando de contratar bienes y servicios necesarios y que buscan atender a los habitantes, con el argumento de evitar la corrupción, pues es otra clara señal de alarma que indica que esa no es la vía que impone la Constitución y la ley.
La organización del presupuesto exige la participación del Concejo, ya que es esta corporación la encargada de aprobar los proyectos de acuerdo que no son nada distinto a las buenas intenciones y propuestas que el alcalde quiere ejecutar, para el cumplimiento del bien general, razón por la cual es fundamental que el próximo alcalde entienda eso y no permita que situaciones personales o ideológicas afecten las dinámicas del ejercicio de la autoridad. Si hay un aspirante que no tenga claro esto, no sería sano apoyarle.
Una función que es vital y que además se requiere con urgencia para el caso de Cartagena, es la de crear, suprimir o fusionar los empleos de sus dependencias. Los electores deben saber que esa queja generalizada que se tiene sobre la lentitud o la inoperancia de la entidades públicas o el exceso de trámites se puede resolver si el alcalde cumple con esta función. Pero esto no se puede confundir con aquel discurso más populista que real, que hay que cerrar todas esas dependencias o que hay que echar a todos los funcionarios. Si algún candidato o candidata les está ofreciendo eso, desafortunadamente, por ahí no es.
